"Cuando su pequeño tenía tres o cuatro años y haciendo un gran esfuerzo (ya que su economía era precaria) hicieron un pedido de material Montessori. Lo esperaron con ilusión e impaciencia seguros de que su hijo se lanzaría sobre el rico material y comenzaría a trabajar con él, pero una vez que tuvieron en su domicilio el pedido, el niño se entregó en cuerpo y alma a trabajar, pero con el embalaje del material. Ellos se quedaron desconcertados pero aprendieron una lección que nunca olvidaron: Lo que más necesitan los niños es un ambiente rico en materiales no estructurados.
Sólo entonces, cuando hayan satisfecho sus necesidades auténticas de manipular todo: agua, tierra, madera, piedras, tendrán capacidad para centrarse en trabajar con materiales estructurados que les permitan aprender a ellos sólos: cálculo, lecto-escritura, geografía etc..."
Rebeca Wild
domingo, 20 de diciembre de 2009
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